Latinoamérica tipográfica: Parte I

Latinoamérica tipográfica: Parte I

Tanto la mente humana como nuestra industria genera sus comportamientos a partir de diferentes tendencias y patrones puede ser creativos o de consumo, y está claro que quedarnos quietos es el principio del fin, así que decidimos comenzar un viaje para explorar lugares que nos apasionan y llenan de nuevas perspectivas. Nuestro primer destino: Buenos Aires, Argentina.

 

Además de mil maravillas que hemos visto aquí y esperamos contarles pronto, hay algo que capturó nuestra atención desde que llegamos: Los juegos tipográficos y el diseño en general que adorna la ciudad. Podemos decir que casi ningún letrero carece de una diagramación preciosa y un balance de tipografías ideal, no nos digamos mentiras, estos detalles que parecen tan pequeños hacen que un lugar comience a contar su historia y crear esencia.

Esta observación nació en nuestro recorrido por el famoso San Telmo, barrio emblemático de Buenos Aires y uno de los más antiguos de la ciudad en el que los pasajes de artesanías y cultura son atractivo principal junto al mercadillo que resguarda comidas, flores, antigüedades y secretos porteños.

Los ojos del turista se lo llevan todo, somos hábiles maravillándonos con pequeños detalles, en nuestro caso los anuncios de las tiendas se convirtieron en una obsesión que nos llevó a hilar historia y diseño con mucha facilidad e intriga, miren esto:

                            

 

 

 

A pesar de haberse independizado, Argentina se quedó con mucho del arte español y otras características arquitectónicas europeas del siglo XVIII, al ser San Telmo uno de los barrios más antiguos, conserva por supuesto dichas características y algunas otras de las construcciones del siglo siguiente en el que la migración europea se hizo fuerte trayendo incluso rasgos de la cultura italiana específicamente a este barrio, que fue ocupado por los inmigrantes una vez las familias adineradas de Buenos Aires lo dejaron para ir al norte de la ciudad.

                              

 

 

 

 

No solo conservaron la arquitectura, el diseño tipográfico es un factor vigente aquí y en el resto de la ciudad: Tipografías serifadas, algunas con detalles góticos y pintorescos visos del descubrimiento. Para 1796 en Munich, Alois Snefelder inventa la litografía “por casualidad”, dicen las malas lenguas, un tercer procedimiento de impresión que abrió paso a una variación enorme de tipos, tamaño, grosor, etc., aplicados a todo tipo de necesidades comunicativas y publicitarias.

 

 

Las fuentes caligráficas también hacen presencia en el paisaje, así como algunas reinterpretaciones de las tipografías clásicas que por lo general permanecen a negocios relativamente nuevos. Esta persistencia gráfica es visible, insistimos porque es lo que le da magia a esta ciudad, por todas partes, por cada sector, así como su arquitectura neoplateresca que parece llevarnos en un viaje por el tiempo.

 

 

 

Es al parecer una cuestión de respeto por su historia, un arraigo cultural que no puede evitarse no importa la edad, es el sol iluminando los pequeños espacios entre los museos gigantes, el minimalismo de los logos de los cafés más famosos y los anuncios despampanantes que a eso de las 7pm hacen que el frío previo a la primavera se desvanezca, así comenzamos el recorrido entre bonarenses, colombianos, brasileros, venezolanos y tantos otros que se dejan cautivar por la ciudad de la furia.

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